ahora que tengo su atención:wau ni el gato paso ......... me siento terriblemente mal ................ me hace acordar a las plantas rodadoras del viejo oeste...... creo que la diviso
ahora que tengo su atención:Cosas del destino
El pasillo estaba poco iluminado, solo se escuchaban los pasos sobre el piso recién encerado. Maldigo la hora en que la conocí. Recuerdo haberla visto esa noche con un vestido azul, que resaltaba su feminidad. Estaba sentada en la barra del bar que solía visitar, si hubiera podido advertir lo que iba a pasar...nunca habría cruzado palabra con ella.
Al acercarme vi que en su mirada se reflejaba una infinita tristeza, nunca creí que acompañarla iba a causar tantos problemas. Pero son cosas del destino, como ella dijo.
Cuando salimos del bar, note que ella estaba nerviosa, no entendía cual era la razón, hasta ahora. Me dijo que necesitaba entregar un maletín y me preguntó si la podía a acompañar.
En el camino me contó que había venido del Estado de Arizona tras divorciarse de su marido hacía dos años. Mientras una lágrima de plástico azul caía por su mejilla derecha susurró en voz baja –Son cosas del destino. – Sin palabras en mi mente para consolarla ofrecí sostenerle el maletín. Al cabo de unos minutos llegamos a un descampado donde, supuestamente, vivía quien esperaba la entrega. Ella corrió hasta el patio trasero. Le grite que me espere, que podría ser peligroso, pero no me oyó. Entonces caminé siguiendo sus huellas en el barro. Una sola idea punzaba mi cabeza, me pregunte que hacia allí, estaba mejor en el bar, necesitaba un trago. Me pareció distinguir su figura femenina en un destello azul, recordé su mirada de terror y comprendí porqué caminaba en el barro en su dirección, ella necesitaba mi ayuda y yo quería ayudarla.
En medio de la oscuridad noté la puerta abierta de un galpón. Desde el interior una melodía salvaje punzaba mis pensamientos; logre reconocerla; hubiera jurado que Gerard Way me sugería el camino a seguir: “cuando te vayas/ni siquiera pienses que intentare detenerte/y quizás cuando regreses/me habré ido a buscar mi propio destino/…. Mejor levántate mientras puedas”.Al entrar comprendí que la premonitoria melodía provenía de un celular titilante y luminoso. No atendí al llamado, así como tampoco hice caso de la voz suplicante de Gerard. En el suelo, al lado del teléfono, había una navaja teñida de un color carmín y mas allá una bolsa. Tome la navaja, segundo error de la noche.
En ese momento me di cuenta que ya se venía lo peor. Y así fue. Seguí buscando para ver si la encontraba, trate de recordar nuestro encuentro en el bar, me había dicho que se llamaba Helena. Se veía sugerente con su vestido azul, su piel morena y sus ojos verdes me atrajeron a esta trampa mortal, en el bar creía que tendría oportunidad con ella. Ahora solo quiero encontrarla.
A lo lejos siento el ulular de las patrullas policíacas. Tomo la bolsa, el teléfono, la navaja color carmín. Todo. Hoy que camino por este pasillo estéril y frío que me conduce hacia mi final, ni siquiera una llamada podrá salvarme de una inyección letal. Los recuerdos se agolpan en mi cabeza, imágenes que intento esclarecer, aun no entiendo por que estoy aquí. El capellán de la cárcel dice una oración en mi nombre unos pasos más adelante.